El péndulo de la asertividad: Agresivos

La asertividad es la habilidad social de comunicar nuestros deseos y defender nuestros derechos sin agredir a los demás ni dejarnos agredir por ellos.  Se trata de un estilo de comunicación en el cual somos capaces de negarnos o pedir lo que necesitamos de forma honesta, amable, directa y flexible . A consecuencia de esto, una persona asertiva es capaz de resolver los conflictos interpersonales en el momento en que se producen.

Recientemente hablamos sobre el arquetipo de pasividad. Hoy explicaré el patrón agresivo. El patrón agresivo nos hace defender nuestros derechos con reactividad. Puede dañar a aquellos con los que nos enfrentamos, empobreciendo nuestras relaciones e incluso afectando a nuestra autoestima.

péndilo de la asertividad

Este es un tema delicado de tratar, ya que las personas con tendencias a la agresividad habitualmente son tachados como enfermos mentales y como amenazas para la sociedad. Es habitual ver también como los patrones de comportamiento agresivos son habitualmente combatidos con patrones pasivo-agresivos, que hipócritamente sí suelen estar socialmente aceptados. Pongamos por caso un jefe de oficina borde o antipático: es habitual que éste se convierta el flanco más fácil de cotilleo a la hora del descanso, que las personas rehúyan interactuar con él incluso cuando se encuentre relajado y que se convierta en el foco de las quejas y de las culpas veladas donde descargar frustraciones. El objetivo de mencionar esto no es justificar un comportamiento agresivo, sino ayudaros a detectar cómo en nuestros comportamientos pasivo-agresivos también estamos comportándonos con agresividad y aquello que se aplica a la persona más explícitamente agresiva se traslada a un margen de población mucho más grueso. Y pongo este ejemplo, por no mencionar las actitudes revanchistas que fomentan los mass media contra criminales oficiales, negando hipócritamente un comportamiento agresivo para aprobar otro más controlable. Aquí hay para todos.

¿Dónde te sitúas en el péndulo de la asertividad?

¿De qué manera o en qué contexto incurres en patrones agresivos?

Te invito a que te tomes un momento para situarte en el péndulo: ya sea si mantienes una posición más o menos estable o si eres propenso a fluctuar.

Comportamiento Agresivo

Existen diferentes tipos de desequilibrio de comportamiento agresivo:

  1. Personas que mantienen un patrón agresivo predominante. Para compensar el desequilibrio, por lo general se relacionan con personas predominantemente pasivas. Pueden tener episodios de extrema pasividad.
  2. Personas que mantienen un patrón agresivo en un contexto y pasivo en otro. Por ejemplo, son agresivos en su vida profesional y pasivos en una medida equivalente en su círculo personal.
  3. Personas pasivas que tienen explosiones de agresividad puntual, compensando así su tendencia predominante al comportamiento pasivo.

Niveles de agresividad

  1. Irritabilidad: siente, con mayor o menor frecuencia, emociones de ira o rabia ante estímulos de su entorno de forma desproporcionada. Es observable a través de datos de un lenguaje corporal hostil.
  2. Agresividad verbal: la irritabilidad desencadena en un lenguaje verbal hacia el entorno. Algunas formas en las que se puede expresar es el sarcasmo (el más aceptado socialmente), la expresión cortante, un lenguaje provocativo y, en el último nivel, el insulto y vejación verbal.
  3. Agresividad física: llega a incurrir en un daño físico en el entorno. En un nivel inferior, puede afectar a objetos, pero también puede llegar a personas, incluyendo la autoagresión.

Agresividad: Ira + Miedo

La ira, o la rabia, es una emoción socialmente estigmatizada, y si hacemos una breve encuesta es la que se asocia comúnmente a la agresividad. Sin embargo, la ira, en la medida correcta, es la emoción que necesitamos para poder demostrar lo que nos molesta, poner límites, defendernos y más aún, valorarnos. La ira está asociada a nuestra sensación de poder personal y de transformación de la realidad. Sin responder (porque no es el tema que nos ocupa), pero sin olvidar la pregunta sobre por qué/para qué/cómo no hemos sido educados en una ira sana, retomamos el tema de la agresividad.

La agresividad no sólo está relacionada con la ira, sino que también lo está con el miedo, que es la emoción que nos prepara para los peligros intuidos, actuales o potenciales. Por supuesto, esta también es una emoción emoción necesaria, al punto de que nos puede salvar la vida y, aunque de otra manera, también tiene una mala prensa que no se merece.

Con respecto a la comunicación con los demás, las personas que tienen un patrón de comunicación agresivo, tienen un miedo consciente o inconsciente a no ser valorados. En definitiva, tienen una sensación de incapacidad o impotencia y ante ella, perciben un peligro. Esta es la razón por la que las personas agresivas parecen haber dejado a un lado su empatía, olvidando cómo pueden sentir los demás ante sus actos. El miedo es una emoción que nos invita a focalizar nuestra atención en el foco de peligro, quedando el resto de información en un plano de menor relevancia.

Ante esa sensación de impotencia inmediata, la persona agresiva utiliza sus recursos para reclamar sus derechos suprimiendo los demás. Es decir, no “se pone por encima”, sino que rebaja a los demás para no enfrentarse a esa falta de valoración e incapacidad. De este modo, la persona agresiva, suprime la amenaza de ser desvalorado para no tener que enfrentarse a ella.

Las herramientas de asertividad aplicadas a una persona con un desequilibrio agresivo permiten que redirija su ira de forma saludable, afrontando el miedo a su falta de valoración personal o a la potencial humillación ajena. Esta canalización favorece que la persona agresiva trascienda esa sensación de impotencia y deje de percibir una amenaza donde antes la había. La asertividad, en última instancia es ira sanamente canalizada.

Parches de los agresivos:

  • Sentimiento de culpabilidad, preocupación o vergüenza: estas emociones son conocidas como emociones sociales, no naturales. Son de inhibidores que aprendemos durante nuestra infancia y están creadas para combatir la agresividad. Una vez cesada la respuesta emocional, aparecen. El problema de estas emociones es que aumentan nuestra sensación de impotencia, alimentando con ella una respuesta agresiva de mayor virulencia en el futuro.
  • Justificación: la agresividad está mal vista. De ahí que la forma más frecuente de justificación de ésta sea la venganza. Por eso, es habitual que cuando una persona tiene un comportamiento agresivo, busque algún tipo de justificación, lo cual siempre implica una elusión de responsabilidad. Cuando nos evadimos de nuestra responsabilidad, corremos el riesgo de ceder parte de nuestro margen de acción, lo cual nos hace más propensos a volver a sentirnos en amenzados y con ellos, aumentado nuestro miedo. Además, cuando nos justificamos ante un comportamiento agresivo, asentamos un patrón que podremos volver a repetir en el futuro. Por eso, una persona que cuando incurre en la agresividad y no pasa de la fase de irritabilidad cruza la línea de la agresión verbal, por ejemplo, a través del sarcasmo, es más posible que vuelva a incurrir en él más adelante. Todo comportamiento justificado se patroniza, y un patrón normalmente se repite. Por eso, aquellos que consiguen justificar una agresión física, son propensos a volver a incurrir en ella.
  • Polarización de entornos: en búsqueda de equilibrio, se mantienen agresivos en un círculo social y lo compensan sometiéndose en otro. Por ejemplo familiar-laboral
  • Construcción de relaciones dependientes: es habitual que una persona agresiva, si no se siente capaz de equilibrarse por sí misma, tienda a relacionarse con personas en el otro extremo del péndulo. Así es cómo se suelen generar relaciones del tipo abusador – abusado, pasivo – dominante o víctima -maltratador. En una relación muy estrecha, los extremos tienden a polarizarse aún más, de ahí que este tipo de relaciones suelen adquirir carices destructivos. Lo que en este caso el agresivo obtiene del pasivo para polarizarse más aún es la justificación, ya sea directa o indirecta.
  • Agresividad hacia uno mismo: a consecuencia de no querer dañar a los demás. Puede ser posterior a las emociones que hemos visto en (1.) ante una ofensa a otro, pero no necesariamente. No pienses sólo en la agresión física, piensa en el discurso interno que mantienes sobre ti mismo. Muchas personas utilizan la autocensura y se fustigan a través del pensamiento como medio para expiar sus arrebatos de agresividad.

La agresividad no es necesariamente un síntoma de enfermedad mental, pero en el caso de mantener estos patrones de comportamiento, podemos tener un impacto muy destructivo en nuestro entorno y en nosotros mismos. Es habitual que personas de tendencia muy agresiva desarrollen, entre otras, dolencias cardíacas. Por otro lado, el exceso de agresividad puede sumirnos en estados de profunda tristeza y en una pérdida importante de autoestima.

Si te sientes identificado con alguno (o varios) de estos patrones, y quieres equilibrarte, siendo más asertivo, el punto fundamental será observarte, especialmente cuando aparezcan estas emociones. Pronto compartiré algunas herramientas para trabajar vuestra asertividad, que se pueden aplicar a personas y a equipos.

Si tienes cualquier duda sobre el tema o quieres saber más, puedes ponerte en contacto conmigo. Este es un problema que tuve que trabajar muchísimo conmigo misma y, aunque me llevó mucho tiempo, disgustos, esfuerzo e incluso dinero, equilibrar mi asertividad ha sido una  cosas que más feliz y liberada me han hecho sentir.

Por otro lado, si te ha gustado, no dudes en darle a “me gusta”, comentar, compartir, o suscribirte al blog (si lo haces todo, ¡te pongo un monumento!). Recuerda que la difusión de este artículo podrá ayudar a muchas personas.

 

Indira Benito
Coach Personal y de Empresa
www.indiracoach.com

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