El péndulo de la asertividad: Pasivos

 pendulo

“La virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto”
(¡Qué bien me viene aquí mi amigo Aristóteles!)

 

Si tuvieras que situarte en el gráfico, ¿dónde crees que estarías?

Por lo general, solemos evadir nuestra carencia de asertividad culpando a nuestro temperamento, como si se tratase de un inamovible que está ahí para hacernos la vida más difícil. Yo he podido comprobar que esto es mentira. La asertividad se puede y se debe trabajar. Es más, la necesitamos para tener relaciones sanas y para alcanzar objetivos comunes.

 Además, resulta bastante fácil si sabes cómo hacerlo, razón por la cual escribiré un artículo posterior con estrategias muy sencillas que a muchos nos han quitado un enorme peso de encima. No obstante, por hoy, nos limitaremos a observar.

La asertividad es la habilidad social de comunicar nuestros deseos y defender nuestros derechos sin agredir a los demás ni dejarnos agredir por ellos. Es la principal herramienta que utilizamos en una negociación, ya sea personal o profesional, para alcanzar nuestros objetivos. Cuando somos asertivos sabemos pedir lo que necesitamos y negarnos si es preciso. Se trata de un estilo de comunicación honesto, amable, directo y flexible. Una persona asertiva es capaz de resolver los conflictos interpersonales en el momento en que se producen, lo cual es fundamental para trabajar en equipo.

La falta de asertividad repercute en los equipos de trabajo aumentando la tensión entre los miembros, reduciendo la eficacia de los ritmos de trabajo y empobreciendo la calidad del resultado final. En lo personal, una ausencia de asertividad puede deteriora gravemente nuestras relaciones con los demás. Por otro lado, es la principal fuente de acumulación de conflictos, malestar, ansiedad y rencor entre personas.

La persona pasiva es aquella que evita la confrontación en todo momento, deteriorando su autoestima. A través de su falta de honestidad, acrecentando conflictos que antes o después explotarán. Esta falta carencia de sinceridad no tiene por qué ser directamente con otros, sino que puede incurrir también en el autoengaño: ¿te has sorprendido alguna vez diciendo que algo no es importante cuando en realidad sí te afecta y mucho?

Por otro lado, la persona agresiva mientras es aquella que defiende su derechos con reactividad, y bajo la excusa de ser sincero, lastima a la persona con la que se enfrenta y empobrece sus relaciones. El extremo de la agresividad incurre en la violencia física, pero no es necesario llegar a ella para tener actitudes hostiles hacia los demás y, por lo tanto, mantener un comportamiento agresivo.

 

Comportamiento Pasivo

El arquetipo de persona pasiva busca tener la aprobación de los demás por encima de todo, de la cual es dependiente. En general, estas personas tienen una baja autoestima que en ocasiones no es sencillo detectar en un primer vistazo.

Temerosos de perder esta aceptación que no han sido capaces de darse a sí mismos, evitan expresar sus auténticos deseos y emociones, especialmente si creen que éstos no encajan con lo que es políticamente aceptado en su círculo social. Evaden, en definitiva, toda confrontación.

En general, una persona pasiva procura poner las necesidades y derechos ajenos por encima de los suyos; además, evita a toda costa rechazar las peticiones de los demás y es complaciente. Por otro lado, cuando no lo hace, se castiga a través de sentimientos de culpabilidad y/o vergüenza.

Socialmente, es habitual confundir el comportamiento de una persona pasiva con altruismo. La principal diferencia para distinguir entre un acto altruista y uno pasivo no es la acción, sino el origen de la acción, la motivación y su “para qué” (también hay una gran diferencia en el resultado último de la acción, pero ahondar en este asunto me haría alargarme demasiado).

Categóricamente, es imposible ser altruista si no tienes un nivel satisfactorio de autoestima, capacidad de valoración personal, cuidado y protección.

Cuando  lo que te mueve es el miedo a perder la valoración de los demás:

  1. Eres dependiente de ellos, y como tal, un yonki emocional.
  2. Ayudando no ayudas. En la ayuda que puedas ofrecer subyace una estrategia para convertirte en un salvador imprescindible y ser necesitado a toda costa. Si estás dándole a alguien una aceptación que te niegas a ti mismo, sospecha de tus intenciones últimas. Hacer a alguien dependiente de ti es, en última instancia, un plan pseudo-perfecto para no perder tu dosis de aceptación.
  3. Estás evadiendo tu responsabilidad contigo mismo: la valoración personal y el trabajo por la conservar y mantener la propia autoestima es un deber que todos tenemos con nosotros mismos.
  4. Estás robándole a esa persona su madurez y autonomía a través de actitudes paternalistas le limitan. Eludir y justificar lo que otros hacen que afecta a nuestros derechos, es pasar por encima de su derecho a responsabilizarse de sus propios actos. Promueve la irresponsabilidad ajena y atrofia su resiliencia y desarrollo de cualidades personales. No ayudas: evitas que pueda tomar la decisión de mejorar.
  5. Estás actuando con cobardía. Todos sabemos que cuando señalamos un aspecto a mejorar en una persona, o negamos una ayuda, corremos el riesgo de ser descontextualizados y tachados de ser malas personas, egoístas, etc. Si evitas hacer justicia basándote en el qué dirán, estás faltándote al respeto y degradando tu dignidad. ¡Ah!, y también te estás metiendo en una preciosa jaula dorada de aceptación, ¡disfruta de tu cautiverio!

 

Parches de los pasivos:

La fórmula: La falsa estabilidad de un comportamiento pasivo no asertivo es directamente proporcional a la capacidad de autoengaño y evasión del sujeto e indirectamente proporcional a su autoestima.

Lo único que tenemos asegurado, en este punto, es que un patrón pasivo siempre termina desestabilizándose. Cuando esto ocurre, es habitual recurrir a alguno de los siguientes parches de comportamiento:

  • Explosiones de agresividad: a solas, o en compañía. También puede explotar esa agresividad contra sí mismo.
  • Polarización de entornos: mantienen su patrón pasivo en un círculo social, mientras que son el extremo opuesto en otro. Por ejemplo: laboral-familiar.
  • Construcción de relaciones dependientes: es habitual que una persona pasiva, si no se siente capaz de equilibrarse por sí misma, tienda a relacionarse con personas en el otro extremo del péndulo. Así es cómo se suelen generar relaciones del tipo abusador – abusado, pasivo – dominante o víctima -maltratador. En una relación muy estrecha, los extremos tienden a polarizarse aún más, de ahí que este tipo de relaciones suelen adquirir carices destructivos.
  • Arrogancia y condescendencia: otra forma que tiene el pasivo de no trascender su desequilibrio es compensar su impotencia o incapacidad de expresar sus sentimientos, hacer valer sus derechos y esfuerzo a través de un sentimiento de superioridad velado y falsa modestia. La ira reprimida y la sensación de injusticia hace que internamente le reste valor a los demás y sobreestime su capacidad, en una velada falta de humildad jactándose de la incompetencia de otros para hacer lo que ellos hacen por los demás.
  • Insinceridad y huida: cuando un pasivo no aguanta más en un entorno, porque posiblemente ya ha acumulado un nivel de conflicto que le cuesta sostener, o simplemente porque la persona a la que intenta cuidar o proteger ─es decir, hacer dependiente─, no se deja ─más bien, no quiere entrar en una relación de dependencia─, el pasivo suele marcharse, sin necesidad de que se haya producido ninguna explosión. Es más, el pasivo procura que esto suceda antes, ya que evita al máximo los conflictos. Por lo general, cuando esto sucede, el pasivo tiende a olvidar con rapidez a esa persona y busca rápidamente un sustituto, ya que la soledad revela su inseguridad y falta de autoestima a través de sentimientos de malestar. Una alternativa menos frecuente, aunque puede suceder cuando el vínculo es muy estrecho y no resulta fácil desaparecer, es que el pasivo elabore estrategias indirectas para que la otra persona le abandone ─evitando una vez más el conflicto─. Normalmente lo hacen supliendo la dependencia generada con un tercero.
  • Chantaje emocional: esta es una reacción pasivo-agresiva. Suele producirse cuando el pasivo se aferra a su propia represión, conteniendo emociones de rabia o ira. El fin del chantaje consiste en volcar la represión propia en los demás, exigiendo que le aligeren esa carga, compartiéndola. No ceder a un chantaje emocional es ayudar a la persona a que trascienda esta represión.

Cando mantenemos estos patrones, podemos propiciar el desarrollo de algunas enfermedades o agravar dolencias ya desarrolladas. Estos comportamientos pasivos repercuten principalmente al estómago, la espalda, la garganta y las rodillas; la represión también puede generar insomnio, migrañas o jaquecas crónicas, entre muchas otras. En el plano psicológico, las personas con patrones de comportamiento pasivos tienen mayor riesgo de padecer depresión.

El principal paso que tienen que dar las personas pasivas para salir de este bucle es tomar conciencia de lo que han estado haciendo, ya que a muchos se nos ha educado enseñándonos que esto es lo correcto. Muchos hemos comprado la moto de que hay que poner la otra mejilla porque es lo que está bien, y nos hemos acomodado en la cobardía disfrazada de pereza o altruismo que implica no hacerse valer. Es importante darse cuenta de cómo manipulamos a los demás. Pero si quieres ser más asertivo y salir de tu patrón de pasividad, la clave está en poner el foco en la autoestima y en la valoración personal que hasta el momento te has negado a ti mismo porque estaba mal.

¿En cuáles aspectos de este patrón te has sentido reflejado?

 

Si crees que estás en la zona de agresividad, visítame pronto, ya que muy pronto publicaré un artículo sobre el comportamiento agresivo. A continuación, compartiré algunas herramientas para trabajar vuestra asertividad, que se pueden aplicar a personas y a equipos.

Si tienes cualquier duda sobre el tema o quieres saber más, puedes ponerte en contacto conmigo. Este es un problema que tuve que trabajar muchísimo conmigo misma y, aunque me llevó mucho tiempo, disgustos, esfuerzo e incluso dinero, equilibrar mi asertividad ha sido una  cosas que más feliz y liberada me han hecho sentir.

Por otro lado, si te ha gustado, no dudes en darle a “me gusta”, comentar, compartir, o suscribirte al blog (si lo haces todo, ¡te pongo un monumento!). Recuerda que la difusión de este artículo podrá ayudar a muchas personas.

Y si quieres conocer mis servicios, no te olvides de visitar mi web personal:

Indira Coach

Anuncios

Un pensamiento en “El péndulo de la asertividad: Pasivos

  1. Pingback: Asertividad – 8 herramientas para una comunicación eficaz | El blog de Indira Coach

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s