Emociones y Sentimientos

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El término emoción proviene del latín, e-moción y significa “mover desde”, por lo que podemos comprender que es algo que nos saca de nuestro estado habitual.

Aunque existen diferentes teorías de la emoción y el sentimiento, podemos definir la emoción como una respuesta de un individuo a un estímulo de su entorno que implica cambios fisiológicos, hormonales y conductuales. Igualmente, cuando una emoción se presenta, el pensamiento del individuo también se ve afectado, así como se altera la percepción de su entorno.

Si nos paramos a hacer una clasificación de las emociones, podemos diferenciar las emociones entre:

Emociones primarias: tristeza, miedo, alegría, ira o rabia y calidez o afecto.

Emociones sociales: Preocupación, culpa, vergüenza, orgullo, celos, gratitud, envidia, desdén, etc. En este apartado, el listado de emociones, es mucho más amplio y variado.

(Esta clasificación no es definitiva y existen ligeras diferencias entre autores, pero os traigo la lista “más repetida”).

Se considera que las emociones sociales tienen una base social, es decir, que son aprendidas. Cumplen el papel de ser emociones sustitutivas de estados emocionales innatos del individuo. Las emociones sustitutivas no se consideran emociones auténticas, ya que reemplazan u ocultan emociones primarias. Un ejemplo sencillo sería una persona que siente vergüenza en un contexto social en el que sentiría, si accediese a la emoción primaria, a un afecto demasiado intenso e inapropiado según su código ético.

No sólo las emociones sociales son sustitutivas: una emoción primaria puede cumplir también un papel de este tipo. Un ejemplo sería una persona que muestre síntomas de alegría ante una situación que de fondo le provocase tristeza, por haber recibido una educación represiva con todo lo relacionado con las lágrimas (por ejemplo, asociándola como antítesis de su virilidad); posiblemente, cuando fuese niño, forzaría esa alegría y no la sentiría realmente, pero a base de repetición, la emoción sustitutiva puede experimentarse de forma tan intensa como un emoción primaria.

Por tanto, una emoción es un filtro de realidad. Durante mucho tiempo, se presentó una oposición entre razón y emoción, ya que se consideraba que las pasiones nublaban el raciocinio. Sin embargo, se ha demostrado que las emociones son imprescindibles en el proceso de cognición y que, de hecho, nos ahorran mucho trabajo, especialmente en los procesos de toma de decisiones. Nuestro consciente no tiene capacidad para procesar todos los elementos que nos afectan a la vida práctica.

 

Los sentimientos, por su parte, son más complejos que las emociones y autores algunos autores, nos han explicado desde la neurobiología que el desarrollo de los sentimientos es posterior en su desarrollo a nivel evolutivo con respecto a las emociones.

En esencia, la emoción precede al sentimiento, ya que éstos implican una cognición en relación a la emoción. Son estados más complejos que implican el procesamiento de varias emociones y se pueden clasificar en dos tipos: dolor o placer. En palabras de Antonio Damasio “los sentimientos son la expresión de la prosperidad o de la aflicción humanas, tal como ocurren en la mente y el cuerpo. Los sentimientos no son una mera decoración añadida a las emociones, algo que se pueda conservar o desechar. Los sentimientos pueden ser, y con frecuencia son, revelaciones del estado de la vida en el seno del organismo entero (…). Si hay algo en nuestra existencia que pueda ser revelador de nuestra pequeñez y grandeza simultáneas, son los sentimientos (…). La emoción y las reacciones relacionadas están alineadas con el cuerpo, los sentimientos con la mente” (En busca de Spinoza, 2005).

Podría decirse, por tanto, que los sentimientos están directamente relacionados con la construcción de nuestra identidad personal y cultural. La gran crítica que suele pronunciarse, y con la cual estoy de acuerdo es que un mundo en el que se explotan los sentimientos de forma descarnada, resulta sorprende que sepamos tan poco sobre éstos, no sólo en términos científicos, sino humanos. Ante esto, lo que nos queda es, primero, confiar en la ciencia, que poco a poco empieza a desvelar información muy interesantes sobre este tipo de cuestiones y, segundo, implicarnos con la gran aventura de experimentar y gestionar nuestras emociones de una forma afín a lo que somos y queremos ser.

 

Indira Benito
Coach Personal y de Empresa
www.indiracoach.com

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